En una jornada marcada por la adversidad en la enfermería y la necesidad clasificatoria, el Noia Portus Apostoli tiró de orgullo, cantera y pizarra para doblegar por 4-1 a un ATP Iluminación Tudelano RN que, pese a su condición de colista, vendió muy cara su piel. El triunfo permite a los blancos alcanzar la barrera de los 24 puntos y consolidarse en la novena posición de la tabla tras 17 jornadas, manteniendo viva la llama de alcanzar los puestos de privilegio, mientras hunde un poco más a los navarros en el fondo de la clasificación con tan solo 6 unidades.
El duelo no se presentaba bajo los mejores auspicios para el cuadro local. La semana en Noia había sido un calvario en cuanto a la configuración de la plantilla. A las ausencias ya conocidas de piezas clave como David Pazos, Rubi Lemos y Matheus Macedo, se sumaba la baja de larga duración de Leozin y el desgaste de un reciente viaje a Cartagena. David Palmas, técnico local, se vio obligado a completar la convocatoria con tres jugadores del filial: Koeman, Iván y el debutante Brais. Un escenario de "más difícil todavía" para recibir a un rival desesperado por la salvación.
Del error a la comunión con la grada
El inicio del partido pareció confirmar los peores presagios para los gallegos. La tensión se palpaba en el parqué y el Tudelano, consciente de las dudas locales, salió a morder. El plan surtió efecto cuando Fabinho, muy atento en la presión alta, robó la cartera al joven Koeman en una zona prohibida, cerca de los dominios de Schütt. El brasileño no perdonó y colocó el 0-1 en el luminoso, dejando helado el pabellón.
Sin embargo, en ese momento crítico, surgió el factor diferencial de Noia: su afición. Lejos de recriminar el fallo al canterano de 18 años, el público del Mourís le dedicó una sonora ovación, inyectando una dosis de moral que transformó al equipo. Tras unos minutos de zozobra, los locales se sacudieron los nervios y comenzaron a carburar.
La reacción cristalizó en el minuto 18. Una brillante incorporación ofensiva de Peixe, que regresaba al equipo, rompió líneas y permitió que el balón llegara a Douglas. El ala, con sangre fría, se fabricó el espacio por el carril central y soltó un latigazo raso imposible para el meta Raúl, estableciendo el 1-1. El gol desató a los locales, que rozaron la remontada antes del descanso con un disparo del propio guardameta Henrique Schütt que lamió la madera.
Vendaval blanco tras el descanso
El paso por vestuarios sentó de maravilla a los de David Palmas, que salieron a la reanudación decididos a no especular. En apenas tres minutos, el partido cambió de dueño. En el 23’, el capitán Leandro Altamirano hizo gala de su jerarquía para poner el 2-1. El argentino, asistido por Churrasco, conectó un remate que, tras tocar en un defensor, acabó besando la red.
El golpe dejó tocado al Tudelano y el Noia olió la sangre. Sin dar tiempo a la reacción visitante, Douglas volvió a aparecer para firmar su doblete particular y el 3-1 en el marcador. El brasileño definió con maestría un mano a mano ante Raúl, poniendo una ventaja que, a la postre, sería insalvable.
Resistencia numantina y sentencia final
Con dos goles de desventaja, el ATP Iluminación Tudelano quemó sus naves apostando por el juego de cinco con portero-jugador durante gran parte del segundo acto. Fue entonces cuando el partido se convirtió en un monólogo de posesión navarra contra un muro defensivo gallego. El Noia, extenuado físicamente por la rotación corta, ofreció un máster de sacrificio y solidaridad.
La figura de Henrique Schütt se agigantó bajo palos, desbaratando una y otra vez las acometidas visitantes con paradas de mérito que mantuvieron a salvo la renta. El Tudelano lo intentó todo, pero se topó con un equipo que defendía cada balón como si fuera el último.
La sentencia llegó, paradójicamente, cuando el cronómetro agonizaba. A falta de escasos cuatro segundos para la conclusión, y con el rival volcado, Thierry cazó un balón en campo propio y, con un toque sutil y preciso, anotó el definitivo 4-1 a puerta vacía. El gol sirvió de broche de oro y permitió que, en los instantes finales, el joven Brais tuviera su bautismo de fuego en Primera División.
El pitido final desató la fiesta en Noia, que inicia este 2026 con una victoria de prestigio, cimentada en el sufrimiento y la unidad, demostrando que el Mourís sigue siendo un fortín inexpugnable incluso en las circunstancias más adversas.
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