La ciudad de Cartagena vivió una noche mágica que quedará para siempre grabada en la memoria de su afición. El Jimbee Cartagena, bajo la dirección del carismático Duda, revalidó su título de campeón con una victoria heroica ante el FC Barcelona. El cuarto partido de la final por el título no fue solo una batalla deportiva: fue una obra épica de resistencia, fe y determinación.
El Palacio de los Deportes vibraba con cada jugada. Los primeros compases mostraban a un Barça dominante, que avisó temprano con un potente zurdazo de Adolfo que se estrelló en la cruceta. Pese a los esfuerzos defensivos del Jimbee, fue Antonio quien, tras una falta a Pito, adelantó al conjunto azulgrana con un disparo inapelable.
La respuesta cartagenera fue inmediata: Waltinho empató desde los seis metros, tras una revisión del VAR por penalti de Erick. El empate (1-1) no frenó la intensidad. Osamanmusa estuvo a punto de poner por delante al Jimbee, pero el poste le negó el gol. Fue nuevamente Antonio, esta vez asistido por Adolfo, quien firmó el 1-2 antes del descanso.
La segunda mitad arrancó con peligro azulgrana. Chemi se mostró seguro ante los remates de Touré y Cortés. Mientras tanto, el Barça, con mayor posesión y serenidad, parecía controlar el tempo del encuentro. Jimbee Cartagena lo intentaba sin fortuna: se estrellaba contra un muro llamado Dídac. Erick rozó el tercero para el Barça, pero su disparo salió desviado.
La táctica de cinco jugadores de campo por parte de Duda fue una apuesta valiente. Pese a la insistencia y las rotaciones, el gol no llegaba y el tiempo se consumía inexorablemente.
Cuando el partido agonizaba, la historia cambió. Cortés, con sangre fría y clase, habilitó a Waltinho, que no falló y puso el 2-2. El Palacio estalló. Pero lo mejor estaba por llegar: a la salida de un córner y con apenas segundos en el reloj, Pablo Ramírez cazó un centro de Cortés y selló la remontada. El marcador (3-2) se volvió eterno para los de Tino Pérez, incapaces de reaccionar ante el éxtasis melonero.
El pitido final fue el detonante de la locura. El Palacio de los Deportes vibró con una ovación ensordecedora. El Jimbee no solo ganó, sino que confirmó una identidad y una mística que lo convierten ya en leyenda viva del fútbol sala español.
Con este título, los de Duda escriben un nuevo capítulo dorado para el club y su ciudad. Un equipo con coraje, talento y carácter, capaz de lo imposible cuando todo parecía perdido.
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